Patrañas
Estaba leyendo un artículo acerca del porqué Steve Jobs es la victima de su propia muerte, pero a mi lo que me parecio más interesante es esto:
Ser un gran científico, capaz de entender y utilizar el método científico para alcanzar extraordinarios logros e incluso los máximos reconocimientos, como el Premio Nobel, no es garantía de tener la actitud necesaria, en la vida cotidiana, para evadir el pensamiento supersticioso, las creencias irracionales, los sesgos cognitivos y las falacias de razonamiento.
Ejemplos abundan: la chifladura “ortomolecular” de Linus Pauling (dos Premios Nobel, química y paz), los contactos con extraterrestres en forma de mapaches verdes luminosos de Kari Mullis (Premio Nobel de química) o los devaneos homeopáticos de Luc Montaigner (Premio Nobel de medicina o fisiología).
Y, por supuesto, hay científicos que hacen buena ciencia al mismo tiempo que son creyentes en alguna religión. Han tomado la decisión de usar dos conceptos del mundo y creer dos cosas contradictorias al mismo tiempo porque esto les da un servicio emocional importante.
Esto no es tan extraño si pensamos en gente que supuestamente está dedicada a la religión: cualquier gurú budista o hinduísta puede creer que la meditación y la pureza le permiten volar, pero a la hora de viajar, ninguno se plantea ni siquiera ir levitando y compra un billete de avión; el Papa católico puede creer que su vida está en manos de su dios, pero de todos modos usa un vehículo ultrablindado rodeado de guardaespaldas de élite.
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